jueves, 14 de julio de 2011

Desentrañando el SECRETO DE LA FELICIDAD

Hasta la prensa de corte anticlerical se ha rendido a las claves que ofrecen en forma de libro diez mujeres consagradas, como sor Teresita, de 103 años y nada menos que 84 en un monasterio de clausura.


Hasta la prensa de conocida línea anticlerical, traspasando fronteras, se rinde ante el testimonio que da esta monja, récord mundial de clausura, que por primera vez ha accedido a narrar en un libro las claves que le han proporcionado una vida plena y feliz en medio de los deberes y renuncias propia de su orden religiosa. El de Sor Teresita es un testimonio que ha llamado la atención mediática internacional, de entre los diez valiosos ejemplos brindados por monjas de clausura que recopila el periodista Jesús García en su libro Qué hace una chica como tú en un sitio como este (Ed. Libros Libres).
Sor Teresita tiene 103 años y lleva nada menos que 84 viviendo su vocación en un monasterio de España. Es con ello la religiosa que más tiempo lleva de clausura en el mundo. Pero lo más relevante de su vida no se mide en años, por más que la cantidad impresione. Ni siquiera lo es su perseverancia, que tiene su valor. Lo realmente importante es que en todo ese tiempo fue, y sigue siendo, feliz. Que no necesitó para serlo de todo lo que anhela habitualmente una persona -a veces, cosas muy legítimas y valiosas; otras veces, cosas menos necesarias y hasta vacuas-, sino sólo responder a la vocación, que en su caso describe como un impulso interior confirmado por una llamada de Dios¿Su secreto para la felicidad?: “Cada uno es feliz en su profesión. La felicidad se siente siguiendo cada uno su vocación. Eso sólo lo sabe quién lo vive”. 
No le pesa su decisión de voto de clausura, guardado desde los 19 años bajo la regla de San Benito en el cisterciense monasterio de Buenafuente del Sistal, en Guadalajara; un enclave del siglo XII, enclavado en una geografía agreste, y soportando un clima que pela los huesos casi todo el año. Tiene Maitines a las 6; Laudes a las 7,30; Tercia y eucaristía a las 8,15; Sexta a las 12,40; Nona a las 15,30; Vísperas a las 18,30, y Completas a las 21. Pero siempre tuvo claro que en su vida no hay un don más valioso que la oración. "Sin ella no puedo vivir", admite.
Nacida en Foronda, provincia de Alava, el 16 de setiembre de 1907, es la primera de siete hermanos de una familia de labradores que trabajan de sol a sol y por lo cual debió dejar la escuela a los 12 años. Pero sor Teresita dice que era feliz. Sor Teresita (Valeria de nombre de civil), tuvo una vocación tardía: “No me gustaban las monjas, ¡con lo bien que se estaba en casa!". Su padre,  fervoroso católico, sí veía con buenos ojos esa vocación para su hija. Con todo, la jovencita decidió indagar más profundamente y se puso a rezar. Empezó a sentir una fuerte inclinación hacia la vida consagrada. Hasta que realizó unos ejercicios espirituales con el fin de discernir si "era más una cosa mía que de Dios". Tras ellos, no tuvo dudas. Quería ser monja. Confiesa que entre los mozos "había dos o tres que me seguían", pero  quien la convenció "fue el Señor y ahí se quedaron los demás".
El día que nació Benedicto XVI, Sor Teresita ingresaba en el Convento Cisterciense de Buenafuente. “Me dio miedo entrar. Pero el Señor me ayudó. Yo venía “zote”, no sabía nada de monjas, pero Él y Santa Teresita me ayudaron y entre ellos se las arreglaron para que no me acobardara”. Recuerda que cuando ingresó al monasterio su padre la acompañó, pero que, al ver la zona donde está, tan inhóspita, le dijo que si él hubiese estado mejor económicamente, la habría regresado. "Yo le dije que no estaba aquí por eso", cuenta. Agrega que "lo divertido fue que luego vino con una de mis hermanas -que siguió sus pasos-, pero a la tercera no la dejó ni muerto".
Su clausura es la respuesta a una llamada:"Si el Señor no me hubiese llamado, por mí misma no me meto aquí. Si hubiese venido solo por darle el gusto a mi padre me hubiera tirado por una ventana. No añoro nada. Nunca lo añoré. Fuera de aquí yo era feliz, pero no sé qué hubiera sido de mí. Aquí se está muy bien".
Dedica su vida a la oración por los demás y al trabajo en el Convento. Según sus propias palabras, “aunque rezo mucho, tengo mis fugas… Tengo una imaginación muy loca. En cuanto me descuido, ya estoy distraída. Entonces vuelvo a rezar a la Virgen María y ella me trae a la oración o a mi trabajo. “Siempre he sido un poco “trasto” y lo seguiré siendo, reconoce. Por eso le digo a la Virgen tantas veces: Quiero mirar en tus ojos, hablar con tu boca, oír con tus oídos y amar con tu corazón”. Vivo en su corazón, porque sé cómo soy yo...”
Una vida plenaUna vida plena
La vida de oración de sor Teresitaempieza a las 5,30 y termina a las 10 de la noche. Una vida de enclaustramiento que apenas permite una salida un día a la semana. Y que solo se interrumpió durante la Guerra Civil Española, cuando el lugar se convirtió en campo de batalla y debió abandonarlo. Pero fue por un breve período, que estuvo en el pueblo lindante.

Un momento particularmente duro de su vida fue cuando su hermana monja cayó enferma y murió hace diez años. Aclara que "nunca, en realidad, vivimos como hermanas. Quiero decir que nunca hicimos pandilla. Ella llevaba su camino y yo el mío. Después sufrí su enfermedad, pero le dije al Señor: "Acepto lo que hagas con ella, si te la llevas, es tuya. Te daré las gracias".
Forofa del Alavés, vio el año pasado la Final de la Copa del Mundo: “Yo no entiendo nada de fútbol, pero gritaba gol y me alegraba”. Sor Teresita es la imagen de la felicidad: “No se puede vivir aburrida en el Convento. Terminas mal. O eres feliz o nada”.
Una vez tuve la tentación de imaginar cómo hubiera sido mi vida fuera, porque me pareció que aquí no hacía nada. Es una crisis que pasamos muchas, pensar que aquí no hacemos nada. Pero lo hablé con un sacerdote y me dijo que tenía una vocación muy hermosa. Merece la pena, no tiene ni punto de comparación darle tu vida a Dios con nada más. Yo soy muy feliz y no envidio nada de fuera. Es una gracia de Dios. La vocación y la perseverancia. Son dos gracias que me ha dado Dios”.
Esta experta en tortilla de patatas (las mejores según el resto de las hermanas del Convento), todos los días recibe y lee la prensa y cree que todavía le quedan cosas por hacer: “Si Dios me sigue teniendo aquí, por algo será”. “Sé que muchos no entenderán mi manera de vivir, pero yo no entiendo otra”.  ¿El resumen de su vida?: “El don más grande que he recibido en estos más de 100 años ha sido la oración. Sin ella no se puede sostener uno". En medio de ello, confiesa su felicidad por una vida plena: "La estoy teniendo aún. Siempre digo: "A cada latido de mi corazón, gracias y perdón".
El libro
PortadaPortada
Por primera vez en España, un periodista ha traspasado los muros de varios monasterios de clausura para entrevistar a diez religiosas, algo que no se había dado anteriormente Hay testimonios de religiosas Agustinas, Clarisas, Carmelitas Descalzas, de la Inmaculada Concepción, Hijas de María Nuestra Señora, Reparadoras de la Virgen de los Dolores...

A través de las páginas del libro, el lector se convierte en el visitante de un Monasterio de Papel, cuyas celdas están habitadas por diez mujeres auténticas de nuestro mundo y nuestro tiempo, que responden abiertamente a éstas y más preguntas sobre la vocación, explicando cómo es la vida en una clausura, qué valor tiene la pobreza, qué las hace tomar semejante decisión, o si ya cumplidos los cien años ha merecido la pena vivir casi un siglo dedicada nada menos, y nada más, que a Dios.
Obediencia, castidad y pobreza. Son los tres votos mínimos que hacen las mujeres consagradas a Dios en medio de este mundo en el que parecen primar valores absolutamente opuestos. Abandonan sus carreras, sus familias, sus planes de futuro y posibilidades de triunfo para entregarse a una causa, según dicen, enamoradas de Jesucristo. ¿Locura? ¿Engaño? ¿Manipulación? ¿Verdad? ¿Alegría? ¿Dios? A estas preguntas y muchas más responden diez mujeres consagradas en el libro,  segundo trabajo de Jesús García, cuya primera obra,Medjugorje, se ha afianzado los dos últimos años como uno de los libros más vendidos en España de temática religiosa. 
Jesús García consigue a través de este libro dar a conocer una cara alegre y entretenida, al tiempo que trascendente, de lo que son las monjas, desde la clausura hasta la misión.  ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste? Es la pregunta que el propio autor se ha realizado varias veces en sus visitas a monasterios de clausura, conventos y misiones por medio mundo. Ahora, ofrece una respuesta cercana de boca de sus propias protagonistas: “Yo mismo me he preguntado muchas veces qué hacen esas chicas y mujeres siendo monjas, cuando podían haber conseguido lo que fuese en medio del mundo. Renuncian a ser madres, a sus estudios, a su ego, al dinero… Son un misterio para este mundo, y creo que este mundo necesita de su misterio”.
REDACCIÓN HO / CLARÍN / LA RAZÓN.

0 comentarios:

Publicar un comentario

--

 
Esta web utiliza cookies de Google para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y para analizar el tráfico. Si continuas en ella, se entiende que aceptas el uso de las mismas. OK Más información