miércoles, 7 de mayo de 2014

MARÍA, MADRE DE LA VIDA

Hoy decimos que María es madre de la vida, ella acogió la vida que Dios depositó en sus entrañas, María con su acoge la vida que Dios le da y no la retiene la ofrece, la extiende. María es Madre de la vida porque ella nos da a Jesús y Él es la vida que puede llenar de sentido la nuestra, Ella nos invita a no malgastar nunca nuestra vida y a cuidarla.

Colegio Victoria Antequera

Hace mucho tiempo, en un pueblo insignificante llamado Nazaret, tuvo lugar el acontecimiento más grande de toda la historia. Una mujer recibió el mayor mensaje jamás oído en la Tierra. Un mensaje y una petición en contra de toda lógica y razón. Ella se fió de Dios y dijo «sí», porque para él no hay nada imposible.

Su respuesta no debió ser tan fácil como parece a simple vista. Cuando María respondió a Dios de esa manera sabía el peligro que corría. Al estar comprometida con José, tendría que explicarle que la criatura que llevaba en su interior era del Espíritu Santo. ¿Creería él esa historia? ¿Qué pasaría si no la creyese? Seguramente la repudiaría por pensar que había cometido adulterio. Y, aunque esto lo hiciese en secreto, tarde o temprano la gente se daría cuenta de su embarazo y viendo que no estaba unida a nadie la lapidarían o la quemarían viva tal como era costumbre según la Ley.

Sin embargo, María se fía de Dios: «Hágase en mí según tu palabra». El la pidió su consentimiento para venir a nosotros y ella se lo dio con sencillez y humildad.

Hoy decimos que María es madre de la vida, ella acogió la vida que Dios depositó en sus entrañas, María con su Sí acoge la vida que Dios le da y no la retiene la ofrece, la extiende. María es Madre de la vida porque ella nos da a Jesús y Él es la vida que puede llenar de sentido la nuestra, Ella nos invita a no malgastar nunca nuestra vida y a cuidarla.

¡Madre, ayúdanos a decir siempre SÍ a la vida! Dios te salve María …
Al terminar de rezar cada Ave María, repetimos estas palabras que les dijo la Virgen de Fátima a los tres pastorcitos:

“¡Oh Jesús mío! Perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente las más necesitadas de tu misericordia”.

 Rezamos juntos la oración: BENDITA SEA TU PUREZA
Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A ti, celestial princesa, Virgen sagrada, María, te ofrezco en este día alma, vida y corazón. ¡Mírame con compasión! ¡No me dejes, Madre mía¡

0 comentarios:

Publicar un comentario

--

 
Esta web utiliza cookies de Google para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y para analizar el tráfico. Si continuas en ella, se entiende que aceptas el uso de las mismas. OK Más información