MARÍA, MADRE DE BONDAD

A todo el mundo le atrae la bondad. Puedes pensar en alguien que tú consideres que está lleno de bondad, seguro que es alguien que convence con su vida porque la bondad es una cara más del amor, es un brillo especial en la mirada, es una sensibilidad delicada para sintonizar con el corazón de los demás. Por eso, la bondad de María enamoró el corazón de Dios; Él también quiso ser amado y no resistió ante ese corazón lleno de bondad.

MADRE LLENA DE BONDAD

Como Madre buena nos muestra la bondad de Dios. ¡Cuántas obras buenas, cuántos favores nos ha hecho Dios por su intercesión! Creer en la bondad de María es creer también en la bondad del hombre. ¡Cómo cambiaría el mundo si sacáramos a la luz todo lo bueno que hay en nosotros y creyéramos más en la bondad de los que viven con nosotros! ¡Dejemos que esa mirada serena y bondadosa de María haga surgir también en nosotros la serenidad y la bondad! ¡Dejémonos llevar por su encanto y demos rienda suelta a todo lo que de bueno hay en nuestro interior! Pidamos a María que haga nacer en nosotros sentimientos de bondad.
¡Madre, enséñanos a tener un corazón bondadoso! Dios te salve María …
Al terminar de rezar cada Ave María, repetimos estas palabras que les dijo la Virgen de Fátima a los tres pastorcitos:
“¡Oh Jesús mío! Perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva
al cielo a todas las almas, especialmente las más necesitadas de tu misericordia”.
Rezamos juntos la oración: BENDITA SEA TU PUREZA
Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A ti, celestial princesa, Virgen sagrada, María, te ofrezco en este día alma, vida y corazón. ¡Mírame con compasión! ¡No me dejes, Madre mía¡
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